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hannah

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Reply with quote  #11 
A reminder: I edit and delete posts that I strongly disagree with. I don't argue, because then the wrong message stays in the "air" and is reinforced by people who repeat it.

We are not in 1918 and science and medicine are strong. Mistakes will be made, we are human, but we are going in the right direction.

The Black Plague and the "Spanish" flu of 1918 did not have to kill so many people. They did because of lack of knowledge.  Sick people moving around Europe in groups doing self flagellation and cohabiting with rats was exactly what Yersinia pestis needed to kill millions.  We are not ignorant any longer.

Now it is up to us, the doctors and the scientists are doing what they are supposed to do. The rest of us, just keep your distance and let the right people do the right thing.

I am not leaving my home for anything. It is a good time to read, watch great movies and take care of yourself.
hannah

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Reply with quote  #12 
UN SANTO GRIAL DE LOS FÁRMACOS ANTI-CORONAVIRUS
 

 Una publicación de Science del 20 de marzo, que nos enviaron del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, apunta hacia un posible “Santo Grial farmacológico” en la lucha contra el Covid-19. Este virus tiene una enzima principal, la proteasa 3CL, y ésta se puede inhibir con una alfa ketoamida que discapacita el corte y separación de las proteínas virales: lo deja “sin autopartes” para construir réplicas de sí mismo.
 
 Es más, esta alfa ketoamida podría no afectar la capacidad de las células humanas de sintetizar sus propias proteínas. Pero –en la mejor tradición de los griales, tan inalcanzables- plasmar esta idea en un antiviral licenciado va a requerir de tiempo. Y no hay garantía alguna de éxito.
 El equipo que firma este trabajo es chino y alemán, y tiene algunas  particularidades: desarrolló una droga similar contra el coronavirus del SARS, o Síndrome Respiratorio Agudo Asiático, causado por una especie genéticamente muy emparentada con esta novedad, el Covid-19. La Organización Mundial de la Salud (OMS) en su página no dice absolutamente nada de la efectividad clínica de dicho antiviral: fue un desarrollo posterior al brote, ya no hay casos. Pero el tipo de antiviral fue genéricamente patentado por la Universidad de Lübeck en ocasión de la
epidemia de MERS (Síndrome Respiratorio de Medio Oriente) poco después del descubrimiento de esta enfermedad, en su brote de 2012.
 La otra cosa interesante del grupo es que a esa droga precursora ahora le añadió un piridona que alargaría su tiempo de residencia en el plasma sanguíneo humano, y aumenta su solubilidad en agua. Esto potencia su acción a menores dosis, y permitió pasar de inyectar ratones sanos a nebulizarlos, para ver si el tejido pulmonar la retenía el tiempo suficiente.  
 El resumen de esta comunicación de Science termina promisoriamente: “La caracterización fármacocinética del inhibidor optimizado revela un pronunciado tropismo pulmonar y la adecuación de administrarlo por vía inhalativa”.
 ¿Se viene un antivirual en aerosol inhalable contra el Covid-19? No. Por ahora, este elenco chino-alemán ni siquiera curó ratones. Para ello tendría que haber contado con ratones infectados con Covid-19 (no existen, por ahora), y cursando la enfermedad. No fue el caso. Todo lo dicho es, entonces, ciencia básica. Aunque está apuntada –y aparentemente bien- hacia una posible droga, la clínica concreta le queda lejos.  
 ¿Por qué tan lejos? Porque la frenética investigación clínica contra el Covid-19 prefiere echar mano de decenas de drogas licenciadas, que atravesaron testeos de fase 1 (toxicidad), y de fase 2 y 3 (más masivos y de efectividad comparativa) hace décadas.
 Nuevamente, ¿por qué buscar preferentemente en lo ya conocido? Debido a que los  efectos adversos de algunas drogas habituales se conocen bien, aunque jamás se los haya ensayado como antivirales respiratorios. Y van desde la conocida hidrocloroquina, el antimalárico más usado en el mundo, hasta el haloperidol, el neuroléptico y antipsicótico más habitual en psiquiatría. Parece estrafalario, pero por motivos de bioética, facilidad de fabricación y relicenciamiento rápido, se prefieren los disparos en la oscuridad con munición conocida, aunque es dificilísimo que le peguen a nada.
 Una molécula que se diseñó muy específicamente contra el SARS, sin embargo, tiene al menos un blanco conocido y que no merece ser
olvidado. El SARS fue una epidemia seria. La desencadenó otra especie de la familia viral “corona” y causó bastante terror.  
 El brote empezó en la provincia china de Guangdong en 2002. El SARS, en realidad más letal que el Covid-19, resulta mucho menos contagioso, y aún así hubo epidemia (8098 casos en 17 países del Sudeste Asiático, con 774 muertes –un 9,6%). El SARS es tan lerdo para el contagio, comparado con el Covid-19, que la mayor parte de las infecciones fueron intrahospitalarias, es decir por normas deficitarias de bioseguridad.  
 El MERS, terriblemente letal (35% de los casos internados), por ahora tiene la gentileza de no contagiarse entre humanos de modo que se descarta que se vuelva pandémico, pero dentro de su zona, es persistente. La fuente del virus en los 27 países afectados parece ser el dromedario, animal cuya leche y carne son productos de consumo en Medio Oriente.  
 El SARS no fue pandémico únicamente porque se quedó en un único continente: cuando ya estaba cruzando el Pacífico se lo atajó en Toronto, Canadá, adonde llegó porque el animal transmisor… es el humano, que viaja en avión. El animal de origen del virus en China parece haber sido un felino, la civeta, que quizás (no se sabe) se lo pescó de algún murciélago. Algunos virus respiratorios tienen esa maldita costumbre: saltan fácilmente de especie.  
 Desde que se extinguió el brote original de SARS en 2003 hubo únicamente casos en 4 ocasiones, 3 debidas a accidentes en los laboratorios donde se intenta desarrollar vacunas, y algunos más en Guandong, probablemente por contagio no interhumano sino ambiental, desde civetas. No hay vacunas contra el SARS o el MERS, ni antivirales efectivos. La clínica de los casos neumónicos graves es sencillamente mantener vivo al paciente, a fuerza de respirador y combatiendo a los neumococos con antibióticos, mientras éste se cura solo de los virus respectivos.
 El Covid-19, el nuevo hermanito malvado del SARS, es un virus molecularmente simple pero clínicamente complejo. Su genoma de ARN tiene sólo 29 genes, de los cuales 26 codifican proteínas. El problema es que, en las bases de datos figura que estas 26 proteínas virales pueden tener como blanco al menos a 332 proteínas humanas.  
 Eso tal vez explica que no sólo ataque su vía de entrada al organismo humano (los pulmones) sino otros órganos, y la facilidad con que desata reacciones inmunológicas terribles, o da lugar a septicemias masivas, en general fatales. Y sin embargo la alta mortalidad que muestra este virus en países tan distintos como China, España e Italia sigue en debate (0,7% según unos, 3,4% según otros). Como sea, la cifra no es intrínseca. Es más un reflejo de tres cosas: la alta contagiosidad del Covid19, el hecho de que el sistema inmune humano es inexperto para atajarlo, y el resultado de sucesivas décadas de desinversión en salud pública.   
 Esta gran familia viral, “los corona”, nos ha causado resfríos inofensivos desde nuestro nacimiento, pero en este siglo ha venido generando estas otras zoonosis novedosas y letales como el SARS y el MERS. “Novedosas” no significa necesariamente nuevas: es posible que estas dos enfermedades existieran antes y pasaran desapercibidas en la mortalidad general por causas respiratorias. Eso en los humanos suele tener por causa una sobreinfección con neumococos, es decir una neumonía.    
 Lo que sí es nuevo es la velocidad con que el Covid-19 se volvió pandémico. Aceptado, somos 7.700 millones de humanos y estamos invadiendo ecosistemas con cuya flora microbiológica antes no teníamos contacto. Aceptado, los vuelos intercontinentales permiten que el Covid19, que tarda entre 5 y 14 días para dar síntomas, viaje impunemente a bordo de miles de pasajeros, portadores todavía sanos, hacia miles de destinos. La aviación masiva creó una Internet viral.
 Pero la velocidad de esta pandemia sí es intrínseca y sorprendente. Hace 4 meses el Covid-19 estaba en algún murciélago de Wuhan, enorme capital de la provincia de Hubei, atravesada por los ríos Yangtsé y Han, y enérgicamente desconocida hasta hace poco para casi todo argentino. Hoy el Covid-19 le pegó la vuelta al mundo, ataca a una población inmunológicamente virgen y está matando a compatriotas, con preferencia por la población mayor de 65 años y con preexistencias (hipertensión, enfermedad coronaria, diabetes, tabaquismo).
 ¿Cómo siguen las cosas ahora? Tras una publicación en Science, es seguro que mientras se escribe esta nota, la alfa ketoamida modificada por médicos chinos y alemanes ya esté siendo probada en pacientes con
Covid-19 complicado con neumonía y con mal pronóstico. Ningún comité de bioética haría objeciones.  
 Será una fase 1 rápida y con muchos casos, atípica por tamaño. Y si este compuesto mejora las estadísticas de supervivencia de quienes están peleando contra una neumonía en una terapia intensiva, seguirán a todo vapor ensayos de fase 2 “a doble ciego”, comparando tal vez un grupo tratado con esta quetoamida contra otro tratado con (por dar un ejemplo) hidrocloroquina.    
 Si todo va bien, un licenciamiento de 3 fases, que suele tardar entre 5 y  10 años, tal vez se condense en meses, dadas las circunstancias extraordinarias. Pero un artículo en Science, aunque puede afectar el desarrollo de la investigación clínica, está muy lejos de “la rugosa realidad” (perdón, Rimbaud) de la clínica de hospital. De modo que nada de esto merece descorchar champagne. Lo dicho: es ciencia básica.
 Agendar no publica sobre drogas no licenciadas por no vender humo ni falsas esperanzas. En realidad, este artículo es más bien un pequeño homenaje al sistema científico argentino: está tremendamente conectado con el mundial, consigo mismo, y en estado de alerta.
 Fue una biotecnóloga vegetal, la Directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (CONICET-Universidad Nacional del Litoral), Dra. Chan  (desarrolladora de la soja, la alfalfa y el trigo HB4 resistentes a sequía) y de los investigadores Carlos María Figueroa y Alberto Iglesias del Laboratorio de Enzimología Molecular de dicho Instituto, quienes nos dieron el alerta el sábado pasado.  
 Estos, confinados en sus casas por la cuarentena y usando internet, me dijeron que la proteasa 3CL es, de acuerdo a las bibliotecas genéticas mundiales, una enzima exclusiva de los coronavirus. Por ende, sugirieron, un inhibidor de esa enzima debería ser bastante específico y no debería estorbar el aparato de producción de proteínas de las células humanas.  
 Pero los antivirales sólo se parecen al Santo Grial en lo difíciles de descubrir. Y como su efectividad distó siempre de la que solían tener otrora los antibióticos, y su toxicidad tiene caminos impredecibles, Figueroa, Iglesias y Chan me recomendaron que consultora con virólogos nacionales de fuste, y con kilometraje clínico.  
 En eso estamos.   

 
       Daniel E. Arias
hannah

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Reply with quote  #13 
Reasons to be optimistic

https://science.sciencemag.org/content/early/2020/03/20/science.abb3405


Report
Crystal structure of SARS-CoV-2 main protease provides a basis for design of improved α-ketoamide inhibitors

Science  20 Mar 2020:
eabb3405
DOI: 10.1126/science.abb3405

The COVID-19 pandemic caused by SARS-CoV-2 is a global health emergency. An attractive drug target among coronaviruses is the main protease (Mpro, 3CLpro), due to its essential role in processing the polyproteins that are translated from the viral RNA. We report the X-ray structures of the unliganded SARS-CoV-2 Mpro and its complex with an α-ketoamide inhibitor. This was derived from a previously designed inhibitor but with the P3-P2 amide bond incorporated into a pyridone ring to enhance the half-life of the compound in plasma. Based on the structure, we developed the lead compound into a potent inhibitor of the SARS-CoV-2 Mpro. The pharmacokinetic characterization of the optimized inhibitor reveals a pronounced lung tropism and suitability for administration by the inhalative route.

godsons7

peggissue
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Reply with quote  #14 
Como personal hospitalario en la atención en todas las unidades de cuidados intensivos, desde 1992 recibí todas las vacunas que no se le suministraba al resto del personal. Fui "cobayo" a la fuerza para suministrarme la vacuna anti Hepatitis (tres dosis en principio, mas otras tres dosis contra cepas no incluidas en las primeras, en los siguientes años), luego la anti meningococo, luego 3 dosis de Neumo23 (eficaz contra el 98% de la cepas que causan neumonía) y una hace 2 meses de Prevenar13 (eficaz contra 13 cepas, pero que actúa como "toque de diana" para reactivar el sistema inmunológico). También en su momento (2009) contra virus N1H1. Como corresponde a mi grupo etario, complete este año, antes de todo este asunto pandemico, el esquema DT con dos dosis. Afortunadamente recibí todas las vacunas disponibles para su momento. Incluida la "para caballo" del servicio militar obligatorio.
He seguido esa conducta con mis hijos. Considero que es la mejor inversión pública que se puede/debe hacer.
Sin duda que puedo ser infectado por el COVID19, como cualquier humano, pero mis oportunidades son mucho mayores de sobrevivir. También, por supuesto lo he hecho con mi esposa.
Si se invirtiera solo el 5% del presupuesto de todos los países del orbe en vacunación, educación básica en higiene y hábitos de trato interpersonal respetuosos. Seriamos un mundo mucho mas sano.

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